jueves, 6 de septiembre de 2012

EL SALÓN ÁMBAR

 




Unas enormes puertas de bronce con intrincados relieves se abren lentamente dejando escapar un resplandor dorado. La sala, de paredes de ámbar y techo abovedado, está llena de velas encendidas que despiden destellos ambarinos al reflejarse en los muros. En el lado más alejado de la puerta, hay un enorme diván tapizado en rojo y repleto de almohadones rellenos de plumas de ganso y, junto a él, una mesa de oscura madera, llena de frutas exóticas, dulces, licores añejos y otras muchas delicias para el paladar. Gruesas alfombras de tonos rojos, ocres y verdes cubren el suelo y el aire está impregnado de la fragancia del azahar y la canela.
Una música voluptuosa envuelve la habitación propiciando un ambiente íntimo y sensual y haciendo que el hombre que espera en el centro se mueva casi imperceptiblemente para seguir el ritmo. Es un joven alto y musculoso, cuyos cabellos oscuros lanzan destellos cobrizos a la luz de las velas y cuyo rostro se esconde detrás de una máscara de cuero. Su cuerpo está cubierto por un ceñido traje negro de una tela tan fina que parece tejida por arañas y que deja entrever sus moldeadas formas pero sin mostrar nada. Lentamente, se quita la máscara para descubrir su misteriosa faz. La expresión de su rostro es indescifrable, para unos es dulce, para otros, apasionada o insinuante, incluso a veces, es peligrosa. Todo depende de los deseos de los que penetran en la habitación, porque esto es el salón ámbar, el lugar donde se pueden cumplir las fantasías más íntimas, sin importar si son románticas, morbosas o surrealistas. Aquí lo único que importa es el placer de los sentidos...
Unos pasos resuenan en la estancia, el hombre se gira y sonríe al ver a un hermoso joven de proporciones perfectas que avanza con lentitud. Los dos se conocen desde hace mucho tiempo y no les hacen falta palabras. Simplemente se miran un momento y a continuación el joven comienza a desnudarse. Sus movimientos son tranquilos, elegantes como los de un felino y, cuando deja caer la ropa a un lado, se vuelve hacia él con una extraña sonrisa en sus labios sensuales.
Aún sin decir una palabra, el hombre saca un par de esposas y se las entrega al joven. Éste se las pone sin dudar ni un instante...

—Eres un buen esclavo, Sam —susurra Marek junto a su oído mientras acaricia levemente su pecho fuerte y liso. —Siempre lo has sido.
Con un gesto de su mano, un gancho de hierro desciende del techo y pasa las esposas que aprisionan las muñecas del joven por él, luego el gancho comienza a subir alzando a Sam hasta que sólo la punta de los pies está en contacto con el suelo.
Sin que el joven pueda ver de dónde ha salido, Marek le muestra una fusta de cuero, flexible como un junco, y comienza a pasarla muy despacio por sus pectorales y por el vientre lampiño.
—¿Quieres sentirla en tu cuerpo, esclavo? —dice Marek acariciando suavemente los muslos del indefenso muchacho con la fusta.
Sam sólo responde con un suspiro trémulo, como si estuviera anticipando el ambiguo placer que sentirá dentro de unos instantes.
Marek sonríe y se mueve silenciosamente para colocarse detrás de él. La fusta roza sus nalgas con la ligereza de una pluma antes de propinar el primer azote. Sam se estremece un poco pero guarda silencio y los azotes siguen cayendo sobre su piel bronceada hasta que las nalgas están enrojecidas y sensibles. Entonces, su amo arroja la fusta a un lado y acaricia con los dedos la piel palpitante.
—Está muy caliente... —murmura. —Creo que es hora de encender algo más.
—Sí... amo —la voz de Sam es tan tenue que apenas consigue alzarse por encima de la música que envuelve la estancia.
—Más alto, esclavo —sonríe Marek apretando con fuerza la carne castigada.
—Hazlo… amo —dice entonces con voz mucho más potente.
—Así me gusta —contesta su amo riendo satisfecho.
El joven lleva ahora en sus manos una cadena cuyos extremos acaban en dos pinzas de metal con los bordes serrados. Se la muestra a Sam y luego aprisiona sus pezones con las pinzas y da un pequeño tirón. Los bordes dentados muerden con fuerza la carne haciendo que Sam lance un gemido.
Después Marek se aparta de su lado para acercarse al mueble de madera de nogal que está junto a una de las paredes. Unos segundos más tarde regresa con algunas cosas que Sam no puede ver y las deja sobre una mesita situada a su espalda.
Cuando vuelve a estar frente a él, lleva un guante de suave piel y un frasco de cristal de forma esférica. Lentamente destapa el tapón y el olor del sándalo los envuelve. Con movimientos tan parsimoniosos como si estuviera siguiendo un ritual, Marek, se pone el guante en la mano derecha y derrama un chorrito del aceite sobre la palma. A continuación toma el pene de su esclavo y comienza a frotarlo lentamente.
El cuerpo de Sam comienza a temblar al sentir las rugosidades que tiene el guante en la palma y los dedos y que le producen una mezcla irresistible de placer y dolor al deslizarse por la delicada piel de su verga.
—Ah… Sigue... —jadea entrecortadamente el joven mientras Marek continúa moviendo rítmicamente la mano que rodea su pene, al tiempo que con la otra tira de la cadena que sujeta sus pezones.

—No, esta vez no habrá nadie más, pequeño esclavo —sonríe Marek adivinando los pensamientos del joven. —Esta vez te quiero sólo para mí.
Sam lanza un profundo suspiro al oír sus palabras y su pene comienza a temblar de pura excitación. Su amo deja de masturbarlo y le coloca un estrecho anillo de metal en la base para que mantenga la erección hasta que él decida acabar con su suplicio.
—Ahora te daré lo que tanto anhelas —dice Marek abriendo la bragueta de su ceñido pantalón y sacando su enorme falo.
—Ah... Sí... Lo deseo...
—Suplica para que te lo dé, esclavo —ríe el hombre acercándose a él y acariciándole las nalgas con la punta del miembro.
—Hazlo, amo... por favor —jadea Sam sintiendo que todo el cuerpo le arde de deseo.
Marek vuelve a coger el frasco de aceite de sándalo y derrama un poco sobre la polla para luego extenderlo con la mano hasta que está bien lubricada.
—Soy el único hombre que consigue excitarte así, ¿no es cierto?
—Sí, amo. Es verdad —asiente Sam con voz apenas audible.
—No te oigo, esclavo.
—¡Si, amo! —grita al borde de la desesperación. —No aguanto más... por favor, amo.
—Dime qué es lo que quieres —sigue Marek implacable.
—Quiero que me lo metas —la voz del muchacho es ansiosa.
—Sé más claro, pequeño —ríe con pérfido humor.
—Yo... —el rostro de Sam está ruborizado pero la excitación le está abrasando por dentro.
—Vamos... no seas tímido —vuelve a reír Marek.
—¡Jódeme! —explota finalmente.
—Está bien, pequeño —responde su amo con una carcajada burlona.
Coloca el pene en la raja y lo frota arriba y abajo unas cuantas veces antes de introducir el glande en el ano distendido del joven. Lo deja así un momento y luego, con un fuerte empujón, lo mete hasta el fondo. El cuerpo de Sam se arquea y lanza un gemido que parece una mezcla de dolor y de placer.
Marek comienza a moverse en su interior con un ritmo lento, cadencioso, al tiempo que el joven esclavo acompaña las embestidas con un sensual movimiento de caderas.
Los dedos del hombre recorren su espalda acariciando o arañando cada centímetro de su piel hasta que se detienen en un pequeño tatuaje que tiene justo debajo del cuello.
—Llevas mi marca tatuada en la piel —dice Marek con tono suave. —Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola... representa el eterno retorno.
—Si, amo. Sé lo que significa... —susurra Sam.
—Significa que siempre volverás a mí.
—Sí... —la voz del joven es firme, convencida y Marek sonríe con ternura. Ha llegado el momento de hacerle enloquecer de placer...
Sujeta las caderas del muchacho y comienza penetrarlo con fuerza.
—Ah... Sí... Sigue... —gime Sam al sentir cómo el enorme falo se introduce hasta lo más profundo de su ser y se estremece de deleite cuando roza su más secreto punto de placer.
—¿Te gusta? —sonríe Marek incrementando el ritmo de las acometidas.
—¡Sí! No pares...
Los embates se vuelven casi frenéticos y Sam se siente traspasado por el más arrebatador de los placeres.
—No puedo más... tengo que correrme —suplica con las lágrimas deslizándose por sus mejillas.
—Aún puedes aguantar un poco más —discrepa su amo llevando una de las manos al pene erecto del joven y comenzando a frotarlo con movimientos rápidos.
—No...
—Tienes que resistir, Sam.
—No puedo... por favor...
Marek espera a que el cuerpo de Sam tiemble de tal forma que parece a punto del colapso y entonces abre la anilla que rodeaba su erecto pene.
Un suspiro desgarrador brota de lo más profundo de la garganta del muchacho y expulsa su semilla con una fuerza incontenible.
El joven se aparta al fin, pasando suavemente la mano por la espalda sudorosa del muchacho. Luego, se sitúa enfrente de él para observar su rostro enrojecido, febril.
—Me encanta esa expresión de placer en tu rostro, pequeño Sam —dice acariciándole la mejilla con dulzura.
El esclavo está demasiado agotado para responder con palabras, así que solamente gira la cabeza para besar la mano que le acaricia.

—Tranquilo, Sam —dice Marek dirigiéndose de nuevo a la mesita.
Regresa con otro frasquito lleno de un líquido verde claro. Echa unas gotas sobre la palma de su mano y la pasa suavemente por el pene y los testículos del joven.
—Amo… si haces eso volverá a empinarse —se queja Sam sintiendo que su deseo vuelve a despertar.
—No cuestiones mis actos, esclavo —replica Marek con tono cortante.
—Sí, amo.
Continua masajeando durante unos minutos y cuando el pene se alza, lo suelta y se dirige de nuevo hacia la mesa.
En esta ocasión trae lo que parece ser una vela con forma de falo. Sam la mira con los ojos muy abiertos y se le escapa un gemido entrecortado.
Marek, sin hacer caso del joven, introduce el objeto en su ano y empuja con la punta de los dedos hasta que está totalmente dentro. Luego, vuelve a ocuparse del pene, cogiéndolo en su mano y acariciándolo primero con lentitud y luego más rápidamente. Y sigue alternando el ritmo hasta que Sam, soltando un gemido de embeleso, eyacula otra vez. El objeto que Marek le ha metido dentro, empieza a derretirse en contacto con las paredes ardientes de su recto y un bálsamo calmante lo inunda. También en el pene siente una especie de frescor que alivia rápidamente su piel irritada y Sam suelta un suspiro de satisfacción.
—¿Qué era eso? —pregunta lleno de curiosidad.
—Lo que te he puesto en el pene es aceite de árnica. Es un remedio muy eficaz contra todo tipo de inflamaciones e irritaciones —contesta Marek al tiempo que hace descender el gancho. —Lo del ano es una barrita hecha con glicerina y sauce blanco. Con el calor de tu cuerpo se irá derritiendo y sentirás un alivio enorme al tiempo que, gracias a la forma que le he dado, seguirá dándote placer.
Sam le mira intrigado mientras le quita las esposas y le acerca la ropa.
—¿A qué viene tanta consideración, Marek? —sonríe irónico. Ahora ya no es un esclavo sino el amigo más íntimo del joven.
—¿No lo adivinas, corazón? - pregunta él divertido.
—Hm.... ¿Qué estás tramando?
—Nada —dice Marek con fingida inocencia. —Sólo quiero que estés en forma para la fiesta de inauguración del Salón.
—Ya sabes que yo siempre estoy en plena forma. —le responde Sam con una carcajada.


10 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este muy caliente Salón Ámbar. ¿Qué sucederá en la fiesta de su inauguración?.... jajaja Muchas gracias por compartirlo Minu y miles de besoss guapísima

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    1. Bueno, menos mal que a alguien le ha gustado porque eres la primera que comenta algo aquí. En principio iba a ser sólo un relato corto sin continuación, pero nunca se sabe, jajaja.

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  2. wow a mi tambien me ha gustado! *-* y tambien quiero más del salon del ambar!!

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    1. Hola, Saito. Pues es que mi intención era que fuera sólo este relato corto, pero si os gusta podría pensar en algo más para alargarlo. Besoss.

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  3. wuooooo me dejo toda asi *-*
    que pasará en la inauguración, yo estoy imaginandome algo kladklaldksjdlkfhslkj OQO si puedes por favor siguelo, al menos un capi ñ.ñ

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  4. buenisimooo, continualaa porfiis

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  5. Guuuuuuaaaaaaauuuuuu ¡continuación! ¡continuación! ¡continuación! por fa siii?

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  6. Hola, puedo decir que me encanto y me gustaría saber que pasara en la fiesta.

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  7. Me uno al público, me encantó y espero que continue la historia. Bendiciones.

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  8. Muy interesante relato. Al parecer Sam no es totalmente um sumiso :)

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